cuando yo estuve de viaje en Austria con la moto hace unos años era impresionante. Te sentabas en la terraza de la habitación que teníamos y te ponias a mirar las nubes y en cuestión de media hora bajaban de la montaña, pegaban un chaparrón de la leche y se piraban. Cada día lo mismo con la misma rutina, era guapísimo.